jueves, 7 de mayo de 2009

"FCB: el amor del fútbol hacia el fútbol"

Minuto 92, Daniel Alves desborda por la banda derecha, y por primera vez en todo el partido manda un centro pasado que Eto logra bajar y que con ayuda del defensor oponente, el balón llega a los pies del prodigioso (opacado en el partido) Lionel Messi que en 5 segundos manda un pase milimétrico a Andrés Iniesta, el cual con su pie prodigioso y su incanzable ir y venir, logra impactarlo de tres dedos con una potencia y furor que si hubiera sido una caricatura japonesa habría dejado un agujero en la red de la portería de los Blues, marcando así el tan esperado y desgarrador ¡GOL!

Realmente aún no puedo entender de dónde proviene ese júbilo y esa alegría descomunal que te hace gritar a todo pulmón, llorar de éxtasis o de tristeza, maldecir o vanagloriar a aquel jugador que parece te ha dado la razón de la vivir, es decir, ¿Qué puede ser comparable a hacer un gol no sólo muy importante sino muy bello a la vez, justamente en el momento en que el tiempo parecía se había terminado, finito, kaboom?
Ciertamente tiene mucho que ver por una parte con el sentimiento propio como aficionado, en el que le rezas a todos los Entes Supremos que conoces para que en esa última jugada se vea lo mágico y sorpresivo que le llega a los talones al milagro; sumado con lo heróico que es y que fue ver al "manchego" Iniesta correr con la vida desencajada sobre el final del partido y proporcionar ese trallazo en el que no sólo iba su alma inscrita, sino el deseo de miles o millones de aficionados afines al club de fútbol catalán que dejaron ir su voz en un solo grito que ahogo las esperanzas de muchos otros pero que finalmente se concretó como justo y desesperadamente necesario.
Sí, no fue el mejor partido de todos. Sí, hubo muchas cosas que no se marcaron. Sí, hubo un mal arbitraje. Sí, el Chelsea jugó mejor, pero ...

En sí, el Barça, más latino, más catalán y lleno de errores. Pura sangre, pura valentía, el que no se preocupa de tácticas, donde su estilo está marcado a fuego en su piel. Se ganará o perderá pero de la misma forma y con las mismas ideas.

Imposible no sentirse identificado con este equipo que es ¡HUMANO!
Por eso y tan solo por eso, señores, por su adrenalina, por su pasión pura, pese a todo y en contra de todo, es que el fútbol sigue siendo la gran manifestación cultural del mundo.

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